Uno abre la posibilidad. El otro la vuelve habitable.
La enseñanza deja de ser camino y se vuelve discurso.
La diferencia no está en la vida. Está en cómo la miras.
Cuando la conciencia madura, la relación maestro–discípulo ya no se busca… se reconoce en cada instante. La vida no solo te enseña… te está formando constantemente a través de los demás.