Una escala en que nadie sube por mérito, nadie la completa como logro, y solo se reconoce como experiencia vivida.
Aquí aún no hay misión. Solo hay honestidad.

Aquí nace la coherencia: pensar con claridad, sentir con presencia y actuar con responsabilidad.
La conciencia deja de ser solo personal y comienza a responder por algo que la trasciende.
La vida misma se vuelve enseñanza.

La acción ocurre sin apropiación. La humildad deja de ser virtud y se vuelve consecuencia.

Ambas posibilidades son plenas.
La escala no conduce a un lugar, conduce a una forma de estar. Y cuando ya no hay nadie que quiera llegar, el Camino ha cumplido su función.